Conxuro: música, cuerpo y cercanía sobre el escenario



El pasado sábado 23 de agosto, en Casa Babylon, se presentó la banda de rock celta Conxuro. Muchos de los asistentes llegaron al recital gracias a la difusión en redes sociales: investigaron un poco sobre ellos, les interesó la propuesta y decidieron acercarse.


La noche comenzó con la banda soporte Proyecto Grial. Mientras ellos tocaban, el público fue entrando en clima, sumándose progresivamente a su propuesta y acompañando cada tema con entusiasmo.


Al finalizar, los integrantes de Conxuro subieron al escenario a preparar sus instrumentos. En ese momento, notaron que gran parte del público estaba ubicado hacia el fondo del salón (donde suele escucharse mejor). Con el correr de los minutos, y a pedido de los músicos primero, pero luego de manera espontánea, los espectadores comenzaron a acercarse al escenario.


Cada integrante de la banda se mostró auténtico, disfrutando de estar sobre el escenario y compartiendo con el público de manera genuina, tanto a través de la música como del cuerpo. Cada uno tuvo su momento de protagonismo, entregándose de forma individual y, al mismo tiempo, grupal. La comunicación fluida entre ellos se trasladaba también hacia el público, transformando el espectáculo en un verdadero acto comunicativo. Esa naturalidad y frescura favorecieron la conexión con los espectadores, que sintieron que la banda no solo tenía algo para tocar, sino también algo para expresar y contar. El cuerpo, los gestos y la energía en escena fueron parte esencial de ese relato compartido, logrando que la experiencia se viviera en presente y con intensidad.


Aunque no hubo un gran despliegue escenográfico ni visual, la fuerza de su música y su esencia hicieron que el recital se transformara en una experiencia inmersiva para cada persona presente.


Hacia el final, algunos músicos bajaron del escenario para tocar entre el público. Ese momento se vivió como una celebración íntima, casi como una guitarreada entre amigos, aunque con la impronta única de Conxuro. Los músicos incentivaban al público a participar, a cantar, a gritar, y finalmente a agacharse todos juntos para luego saltar al unísono. La energía compartida fue tal que desconocidos se sintieron parte de una misma comunidad: la llamada familia conxurera.


Los espectadores se retiraron felices, agradecidos por un cierre tan cercano, intenso y auténtico. Al finalizar, los músicos no se fueron enseguida, sino que permanecieron en el lugar recibiendo saludos, conversando, sacándose fotos y compartiendo con cada persona. Se notaba que estaban realmente agradecidos, conscientes de que un show no existe sin su público.


En definitiva, fue una noche que dejó la sensación de haber compartido un momento único, cálido y fraternal, como entre amigos.


Reseña escrita por Mariana Macarlupú Peña. 25/08/25

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