Luciano Pereyra. El arte de hacer sentir a miles como uno solo


 
El pasado viernes 24 de octubre, la radio Modo me regaló dos entradas para ver a Luciano Pereyra en el Quality Arena. Fue algo muy especial para mí. De adolescente escuchaba mucho su música, pero con el tiempo me fui por otros caminos musicales. Este año, volví a reconectar con muchas cosas personales, entre ellas lo musical, y con ello, con las canciones de Luciano. Volver a escucharlas, recordar las de antes y descubrir las nuevas fue reencontrarme con una energía que me atraviesa. Que justo me regalaran las entradas, lo sentí como un regalo “del cielo”.

Era la primera vez que lo veía en vivo. No iba con expectativas —no porque no creyera que fuera mágico, sino porque me gusta dejarme sorprender desde el mínimo detalle hasta el último—. Ingresamos al Quality Arena de manera fluida, y una vez adentro, el espacio estaba repleto. Miles de personas esperaban ansiosas. Pasadas las 21 hs., Luciano apareció en escena, y desde el primer momento, nos invitó a transitar distintas emociones.

El público estaba profundamente conectado: nos poníamos de pie, cantábamos, bailábamos, reíamos y hasta nos emocionábamos al unísono. Luciano iba llevando el show con naturalidad, alternando momentos de energía y alegría con otros de intimidad y emoción. Su propuesta fue un viaje por distintos ritmos y climas, manteniendo siempre la atención y la emoción del público.

Hubo instantes realmente conmovedores. Él mismo se emocionó sobre el escenario, y cuando las lágrimas le ganaron, el público lo abrazó con un aplauso cálido y sostenido. Fue un gesto de comunión. Porque el arte, una vez más, demuestra su poder transformador: moviliza, emociona y nos une.

Uno de los momentos más especiales llegó con la canción “Mi primer amor”. Antes de cantarla, Luciano se detuvo a hablar con tres personas del público: les preguntó sus nombres y con quién habían ido, todos nos sentimos representados, porque se dio el tiempo de conocer a su público en medio del show.. Lo significativo fue que no eligió a los de las primeras filas, sino a quienes podía divisar más lejos, demostrando que su mirada abarcaba a todos.

Más tarde, en el bloque romántico, insistió con que “chapemos”. Lo dijo entre risas, jugando con el público, y en un momento, mientras cantaba, señaló a alguien y le pidió que le diera un beso a la persona con la que estaba. Cuando lo hicieron, él festejó desde el escenario. Fue una escena de alegría compartida, espontánea, donde el artista y su público se volvieron cómplices.

También hubo momentos de profunda conexión emocional. En un instante íntimo, nos pidió tomar la mano de quien nos había acompañado, pensar en ese momento en que nosotros mismos habíamos necesitado una mano y alguien nos la había dado, y luego pensar a esa persona que hoy podría necesitarla. Con su guitarra y su voz, nos acompañó en ese viaje interno. Fue un momento lleno de presencia, un instante donde todos estábamos conectados entre nosotros y con él.

Después, volvió la alegría, el baile, las risas. Porque así es su arte: un vaivén entre emoción y celebración, entre lo íntimo y lo colectivo.
El público se fue feliz, con la sensación de haber vivido algo más que un recital.
Luciano Pereyra no solo canta: comunica. Usa todos los canales de expresión posibles (la voz, el cuerpo, la palabra, el gesto, la emoción) para que cada persona, incluso la que estaba en la última fila, se sienta parte. Su humanidad y su humildad atraviesan el escenario y llegan a cada rincón.

Y eso es lo más valioso que puede ofrecer un artista: hacer de su expresión un puente para encontrarnos.


Escrito por: Mariana Macarlupú Peña.

Fotografías tomadas de su instagram.
Video de mí compañera de salida 😉


Si te gustó este contenido, podes invitarme "un cafecito" para seguir escribiendo: https://mpago.la/2MPNXeo

Sino, también podes decidir vos el monto de tu colaboración en este linik: http://link.mercadopago.com.ar/marianamacarlupu

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando el arte deja de ser expresión y se convierte en comunicación.

Conxuro: música, cuerpo y cercanía sobre el escenario

Jesús María: crónica de una argentinidad al palo